Peladito y en la boca

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Abriendo Brecha

PELADITO Y EN LA BOCA

Por: Héctor Saldierna

 

El título de esta columna es muy común y suele decirse cuando algo no cuesta nada y además con la ventaja que se lo ofrecen con todas las facilidades, sin ningún apuro. Podría esquematizarse en varios aspectos de la vida nacional.

Un ingeniero, de nombre Saúl Treviño, por supuesto de origen regio, es un conferencista que es invitado para participar en el Congreso Internacional de Instalaciones Electromecánicas del CIME.

Su conferencia suele ser muy divertida, además de ilustrativa. Cierra el congreso en su último día de actividades. Es un experto en el tema de instalaciones hospitalarias y ofrece una serie de ejemplos sobre los malos manejos técnicos que ahí se operan con los consiguientes perjuicios para los pacientes.

Lo hace de manera divertida y jocosa. El público normalmente se destornilla de la risa y le festeja las ocurrencias. El ingeniero Treviño dice que se ha casado cuatro veces y que tres de sus esposas han fallecido a causa que la lavadora no estaba puesta a tierra.

Hace mención de toda la seguridad eléctrica que debe tener un quirófano y que normalmente no se cumple tal normativa. Su tesis es que el profesional de la ingeniería puede convertirse en un potencial asesino sí acaso no tiene el cuidado  y esmero que las instalaciones cumplan con todos los requerimientos técnicos.

De hecho una descarga de unos cuantos watios pueden ocasionar un ataque al corazón con las fatales consecuencias. De ahí la importancia de cumplir con todo el protocolo en los quirófanos.

Y en la parte de normas reflexiona que normalmente proceden de los Estados Unidos, mientras que en México no se elaboran. De ahí utiliza el término: “lo queremos todo peladito y en la boca”.

Esa expresión tiene un hondo sentido filosófico y se trata de una fuerte reflexión sobre lo que estamos haciendo los mexicanos y sobre todo en los aspectos de ingeniería.

Hay una especie de dejadez, de permitir que todo venga del extranjero, sin que nos preocupemos de ser creativos y hagamos invenciones que nos permitan exportar nuestras creaciones, haciendo a un lado las desventajosas importaciones.

Y eso pasa en los diversos campos de la industria porque no somos capaces de hacer siquiera una aguja o fabricar diversos productos. Desde luego existen casos aíslados como el de Tenaris Tamsa que fabrica una de las mejores tuberías sin costura, además que cuenta con laboratorios de investigación que le permite estar siempre en la vanguardia.

Por ejemplo, en el terreno automotriz somos grandes fabricantes, pero en la categoría de armadores. Se le trabaja a un consorcio internacional de alguna marca reconocida y de ahí se van miles de unidades hacia el exterior. Pero no se trata de una industria nacional.

Y cuando algo interesante se hace en México, como el caso de los Astilleros Unidos de Veracruz que llegaron a fabricar buque tanques para la industria petrolera en la década de los 80, entonces algo sucede para que no se sigan manufacturando. Quiebran a la empresa, por instrucción presidencial, malbarantándola, la venden a x empresario que tiene la misión de destruirla y ahí quedó el gran esfuerzo nacional.

Esta mentalidad y la ausencia de un proyecto de naciónl que nos catapulte hacia el futuro hace que nuestro país se mantenga en una línea de flotación mediocre y que México no avance. Estamos siempre bajo las botas de naciones más poderosas.

Y todavía algo que nos perjudica grandemente es la falta de unidad. Aunque los políticos utilizan la trillada frase en sus frecuentes discursos, la realidad que eso es lo que nos hace falta. No existe unidad entre los mexicanos y cuando alguien quiere hacer algo que transforme a la nación, se encontrará con otros mexicanos que le pongan piedras en el camino para que no logre el propósito.

Es lamentabilísimo que el ejemplo de los cangrejos sirva como referente para describir el espíritu del mexicano que jamás admite que otro sea mejor. Prefiere meterle el pie antes que lo rebase. Así sea que se busca mejorar al país y lograr el anhelado sueño que México llegue a ser algún día una potencia mundial.

Ese es nuestro reto y la urgente necesidad de cambiar de esta pobre mentalidad que nos abruma y nos perjudica. Lo podemos observar, incluso, hasta en pequeñas comunidades. Es un delito que alguien sea mejor, que sea un líder y que haga gestiones transformadoras.

El filósofo Samuel Ramos, el nobel de Literatura Octavio Paz y otros estudiosos de la mentalidad del mexicano llegan a coincidir en esas taras que distinguen al mexicano.  Ramos, en su obra “El Perfil del Hombre y la cultura en México” describe las deficiencias del mexicano y su falta de autoestima la interpreta como una enfermedad, la que –advierte en forma optimista-  podría ser curada.

Tal vez algún día el mexicano se reivindique y entonces llegaremos a ocupar la posición que merecemos de acuerdo a nuestros grandes méritos y por ser una de las razas del mundo con tanta inteligencia y creatividad.

 

Y hasta la próxima.

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