¡Ah que la tecnología!

0
78

Panoramas de Reflexión

¡Ah que la tecnología!

Desde hace algún tiempo es que vengo pensando que, paulatinamente, cada día estamos entrando en una abstracción de la realidad. Vivimos enajenados de objetos, principalmente tecnológicos, que no nos permiten atender con el debido y merecido respeto a las personas que nos hablan, por entregarnos con demasía a la consideración de estos trebejos, sumidos más en nuestros pensamientos que nos inspiran estos “aparatejos”, que en las cosas tal vez más importantes que nos estén informando.

A menudo observo personas que mientras platican con alguien, están enviando o recibiendo “whatsapps”, la palabreja de moda. En otras ocasiones, estando reunidos conmigo algunos familiares y amigos, observo que nadie dice nada, se hace un sonoro silencio aterrador; si nos mira de lejos pareciera que todos estamos tristes. ¡No! Estamos con la cabeza baja porque vivimos inmersos en nuestros teléfonos celulares. De alguna manera esto pareciera ser provocado por los gobiernos, ¿y si no?, parece que les cayó al pelo. Obviamente la publicidad y la ociosidad están tras de todo esto. Eulalio Ferrer Rodríguez, empresario de la comunicación y publicista hispano-mexicano, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua fallecido en 2009, en uno de sus artículos hizo referencia al teléfono como una artesanía sobreviviente de los soliloquios comunicativos, que cedió su lugar, en gran parte, al reino exhibicionista de los llamados celulares. Su eminente y eficaz aportación a las funciones prácticas más diversas, se alterna con la superficialidad del esnobismo y el estatus social. Al grado que su movilidad, al desplazar el intimísimo teléfono de antaño, alienta al andante peripatético de los usos actuales, incluido su alarde ostentoso, como una especie de aperitivo sonoro y gestual, en las mesas de los restaurantes, cafés o bares preferidos por los dueños o detentadores de ese aparatito de oreja y bolsillo. Adiós a las cartas, postales y telegramas de antaño, que fueron los únicos medios de comunicación preferidos por la gente, ansiosa de trasmitir sentimientos, emociones, gustos y placeres; Rainer Maria Rilke, poeta checo nacido en Praga, aseguraba que “la carta es la mejor forma de ejercitar el alma”. Ya todo eso se fue, fueron otros tiempos que algunos recordamos con nostalgia. No sé exactamente, pero en las redes sociales circula constantemente una frase que se le atribuye a Albert Einstein, un físico alemán de origen judío, la cual dice: “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo tendrá una generación de idiotas”.

Indudablemente, el materialismo tecnológico ha destruido los valores tradicionales que antaño eran considerados virtudes. Las hipnóticas pantallas de muchos aparatos electrónicos como computadoras, “tablets” o teléfonos celulares, realzan el egocentrismo, el individualismo y el egoísmo de muchos; destruyendo los vínculos de afecto con familiares y amigos por la nueva adicción, que obviamente produce también, en algunos casos, daños físicos severos. Hoy resulta impensable compartir proyectos comunes con personas adictas a estos aparatitos que para colmo, no tardarán mucho tiempo en volverse obsoletos. ¿No lo cree usted así amigo lector? Piénselo un poco. Que tenga un buen día.

 

Luis Humberto.

Dejar respuesta