Los turbios caminos

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Panoramas de Reflexión

Los turbios caminos.

Los años siento pasan cual relámpago que lacera la oscuridad de una noche tibia, porque a veces, percibimos ya en edad madura, que las encantadoras vivencias gozadas en la niñez, adolescencia o juventud, apenas sucedieron ayer, o hace un rato. En contraste, los recuerdos desagradables, bochornosos, penosos, afrentosos, que todos hemos vivido alguna vez; vivencias nuestras que quisiéramos todas olvidar, arrancarlas de las oscuras páginas de ese nuestro singular libro vivencial, también todas ellas están allí. Al llegar a nuestra mente, las eludimos espontáneamente, pero inevitablemente todavía forman parte de nuestro ser.

 

Y es que nuestra vida además está compuesta de incontables actos execrables, esos que nunca quisiéramos rememorar y que desearíamos jamás hubieran sucedido, acaecidos en su mayoría a temprana edad, en la pubertad y adolescencia. Y por qué no, asimismo en las épocas maduras. Creo que absolutamente nadie se ha librado de ellos. La realidad oculta, la que no trasciende porque guardamos en los más profundos y lejanos escondites, al fondo de un rincón apartado de nuestra insondable memoria y que en ocasiones de pronto aparece, en los sórdidos escaparates de nuestra mórbida personalidad. Sin embargo, son tentación, inducción, instigación latente que debemos fervientemente evitar. Los tropiezos de nuestro ser, estorbos continuos encontrados en el apresurado camino de la existencia, son enseñanzas, experiencias, advertencias. Instrucciones precisas de enmendar para resarcir y subsanar daños causados. Quien no los haya tenido, no ha avanzado con buenaventura el camino que persigue el triunfo, el logro del éxito tan buscado al igual que la felicidad en la vida. El triunfo, el éxito y la felicidad, no se miden o deben asociar equivocadamente con el dinero y bienestar que otorgan las posesiones materiales, preeminencias banales y cotos de poder ante los demás, sino, al igual que la humildad, con la calidad del ser. Y es que ser feliz, triunfador, exitoso, depende de la buena aceptación que tengamos y tengan los demás de nosotros, por la calidad moral de nuestra persona.

 

Enmendar los turbios caminos que alguna vez hayamos andado, disculparse, pedir perdón y aprender de nuestros errores, ennoblece nuestra alma, da sosiego y paz a nuestro corazón y templa el espíritu ante las adversidades y vicisitudes que seguro aparecerán siempre en nuestro sendero mientras caminemos en esta vida. Después, no sé, la experiencia se lo dirá y los frutos que recoja serán aquellos que haya sembrado. No sé por qué pero a la mayoría nos encanta complicarnos la existencia, propia y ajena. ¿Por qué?, si tenemos las condiciones necesarias para propiciar un mundo mejor. Ya para finalizar, le invito a reflexionar acerca del Salmo 133 muy ad hoc al argumento en cuestión, el cual dice: “Mirad cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía. Es como el óleo precioso sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, que desciende hasta el borde de sus vestiduras. Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; Porque allí envía nuestro Padre bendición, y vida eterna”. ¿No lo cree usted así amigo lector? Piénselo un poco. Que tenga un buen día.

 

Luis Humberto.

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