Soliloquio de un río en decadencia, el río Bobos.

0
82

Panoramas de Reflexión

Soliloquio de un río en decadencia, el río Bobos.

“Voy a contarte la historia, de algo que a mí me pasó. Pero tú estarás pensando quién es este que escribió. Soy un río muy hermoso y famoso a la vez. Por mi cauce corría fauna que te voy a relatar. Los peces que en mí nadaban te los voy a mencionar. Bobos, truchas y acamayas, nutrias, burros, anguilas y camarón. Más por descuido de la gente todo esto se acabó. Los viejos por ignorancia, los jóvenes por diversión, me llenaron de basura y este río tan hermoso, todo un caos se volvió. Antes que hubiera puente había un chalán muy grandote, donde pasaba la gente y carros grandes con la caña para hacer aguardiente. Jóvenes, niños y ancianos nadaban en mi corriente, más cuando hicieron el puente, así estaría de profundo que muchos se lanzaban de los rieles, en clavado en mi afluente. Los vecinos de la rivera entroncaron los drenajes y hoy en lugar de peces, caca arrastro en mi corriente. Por qué será así la gente, se espantan de lo que hicieron, pero lo vuelven a hacer. La corriente que hoy arrastro es como la de un arroyo. Ya no soy el río hermoso, ahora sólo soy un arroyo, pero arroyo apestoso”.

Sentidas y sutiles palabras componiendo una amarga poesía cargada de sentimiento, que el buen Amigo Don Aniceto Bessichy Castellanos nos comparte a tan sólo unos días de haberse celebrado el Día Mundial del Medioambiente, el pasado miércoles 5 de junio. La celebración de este día, nos brinda la oportunidad de ampliar las bases de una opinión pública bien informada y de una conducta de los individuos, de las empresas y de las colectividades inspirada en el sentido de su responsabilidad en cuanto a la conservación y la mejora del medio. Este día ha ido ganando relevancia desde que comenzó a celebrarse en 1974 y, ahora, es una plataforma mundial de divulgación pública con amplia repercusión en todo el globo. Pero no es nada más de celebrar, de festejar y recordar. Hace falta más. Despertar conciencias y hacer lo propio, cuidar el planeta, nuestra única casa en común. La ominosa afrenta que sentimos al observar el deplorable estado en que se encuentra nuestro querido río, y no sólo él, nuestras calles y caminos rurales también. Nuestra comodina manera de vivir la vida ha generado grandes cantidades de basura por doquier. Hace falta más educación y respeto por el planeta. Es cierto, muchas pero muchas empresas y grandes consorcios industriales en el mundo contaminan la tierra y el aire sin que nosotros, la gente de a pie, podamos hacer algo al respecto. Pero si lo que podemos, lo que está en nuestras manos, hagámoslo ya.

Desde mi ventana he visto pasar preciosas damitas caminando por la calle, solas o acompañadas de sus parejas, cuando de repente se detienen y con graciosa majestad se inclinan para depositar en el suelo vasos de unicel, poliestireno expandido, que al poco tiempo de haberse dejado vuelan con el viento hacia el arroyo vehicular de la calle sin que nadie lo recoja. ¿La culpa? La culpa es de nosotros mismos que no alcanzamos a comprender el grave daño que nos provocamos. Si tuviéramos depósitos para recolectar basura en la ciudad terminarían destruidos, quemados e inservibles, porque no estamos acostumbrados a respetar y cuidar lo nuestro. Qué pena pero es nuestra cruda realidad. A pesar de ello debiéramos tenerlos. ¿No lo cree usted así amigo lector? Piénselo un poco. Que tenga un buen día.

Luis Humberto.

Dejar respuesta