Cayó Ancira y ahora debe ser Lozoya

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Abriendo Brecha

Cayó Ancira y ahora debe ser Lozoya

Por: Héctor Saldierna

En esta semana se desató uno de los grandes capítulos de las promesas de campaña de la cuarta transformación: combatir la corrupción y la impunidad, que ha sido el signo distintivo de México en las últimas décadas. De nada sirven los discursos y las buenas intenciones de mejorar al país, sí acaso no existe una férrea voluntad de acabar con la enfermedad que ha corroído las entrañas del país.

En 2012 se supo de los negocios oscuros que se estaban perpetrando entre la constructora Odebrecht de Brasil y Emilio Lozoya, entonces encargado de asuntos internacionales en la campaña de Enrique Peña Nieto.

Eso, sin embargo, fue el inicio de una enorme trama de negociaciones por lo oscurito y la evidencia de una serie de favores que estaban siendo pagados por Odebrecht, de acuerdo a las versiones de los propios ejecutivos brasileños ante la fiscalía de su país y como resultado de las indagatorias que se estaban haciendo ante presuntos sobornos.

Y sí la historia arrancó en 2012 ya habían pasado varios años sin que en México se moviera una sola hoja por el viento de la investigación que ya había pegado en varios países de América Latina.

A estas alturas solamente México y Venezuela se mantenían ante la total y completa impunidad al impedir que las investigaciones de presuntos sobornos se reconocieran oficialmente.

La inacción había sido la característica principal del gobierno mexicano. Ahora, sin embargo, han estallado las indagatorias y para iniciar se armó un expediente bien documentado para detener, en esta trama de complicidades, al dueño de Altos Hornos de México.

Él se encuentra implicado en la venta de la planta Agro Nitrogenerados, una factoría que tenía varios años que no funcionaba y con una maquinaria con antigüedad de 30 años. Pemex la compró en 475 millones de dólares, evidentemente una cifra sumamente inflada.

Las primeras acciones ya desembarcaron con la detención de Alonso Ancira, pero ahora se encuentra en la fase de aprehensión de Emilio Lozoya, exdirector de Pemex, quien ya se amparó ante un juez que le concedió de momento la inmunidad.

No obstante, su abogado Javier Coello Trejo, en su declaración, ha mencionado que Lozoya no fue el culpable, sino que simplemente obedeció instrucciones.  De manera que sugiere que se llame a declarar a Enrique Peña Nieto, a Luis Videgaray y a  Pedro Joaquín Coldwell, el antiguo secretario de Energía.

Todo parece indicar que el asunto va para largo y que se van abrir muchas cosas interesantes. Es como la Caja de Pandora y conforme se conozca el contenido, habrá muchas sorpresas todavía.

Lo cierto es que el gobierno de Andrés Manuel tiene que ser congruente y llevar a efecto este asunto hasta el final. Si no pasa nada, entonces se tratará de un burdo teatro y un engaño al pueblo mexicano.

Ya cayó Ancira y ahora debe caer Lozoya, así se sintetiza el deseo de millones de mexicanos.

LA MISIÓN MILITAR

A propósito de la lucha contra el crimen organizado, los militares se vieron envueltos en una acción que ha llamado la atención nacional. Fueron humillados por un grupo de personas en la Huacana, Michoacán. Varios comentarios surgieron al respecto, pero aquí se abren varias vertientes.

El ejército representa un riesgo al combatir al crimen, porque se le atribuyen un gran número de asesinatos. Ahora, en su nueva táctica, queda en una posición muy compleja. Es necesario definir el papel que jugarán los militares porque la exhibición que tuvieron en Michoacán no es nada positiva.

El ejército normalmente es ofensivo. Sí están para que lo humillen, al no poder disparar sus armas o utilizar sistemas de disuasión, entonces su objetivo no se cumplirá adecuadamente.

Han quedado en una situación difícil, sí bien es verdad que nunca se ha recomendado que el ejército haga tareas de lucha contra el narcotráfico, porque está demasiado evidenciado que su presencia no ha sido positiva.

Y hasta la próxima.

 

 

 

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