El profesor, ni héroe ni villano

Por José Antonio Medina Aguilar

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PIENSO, LUEGO ESCRIBO

  

Por Akiles Boy *

 

Con dedicatoria a mis hermanos Gloria, Francisco, Mirna y Teresita

 

Cuesta trabajo apaciguar el espíritu crítico que traemos adentro, más cuando actuamos como verdaderos tiranos al ejercer la autocrítica. Como decían los abuelos, “No están para saberlo”, pero estando por terminar la primaria, mi madre agarro como su cancioncita diaria “hijo estudia para profesor” ya ves, a tus Tíos no les va mal, se refería a sus hermanos Julián, Raúl y Moisés. En la década de los sesentas y setentas, exitosos educadores, con solvencia económica y decoroso status social. Una buena vida.

Pero Toño “El soñador” quería ser abogado como Benito Juárez García, y más adelante, un político prominente como el gran Reformista y Liberal oaxaqueño, uno de los pocos héroes nacionales que quedan de pie después del exigente juicio popular y también el de la historia. En este párrafo se me ocurre poner un poco de la letra de la canción del rockero argentino Miguel Mateos, “Cuando seas grande”,  incluida en el álbum ”Solos en América” (1986) “Nene, nene, ne que vas a hacer, cuando seas grande; Nene, nene, ne que vas a hacer, cuando seas grande “ Estrella de rock and roll, Presidente de la Nación, Nene, nene ne que vas hacer, cuando alguien apriete el botón”

En esos tiempos del desarrollo estabilizador en México (1954-1970), el Profesor o Maestro, junto al Médico y el Sacerdote, eran los líderes de la comunidad. Su palabra y autoridad se respetaban. Se reconocía su vocación de servicio y su capacidad transformadora. Había una clara idea de la magnitud de su misión en la sociedad, de su enorme responsabilidad de formar a los futuros ciudadanos. La docencia ha sido y es una actividad que requiere esfuerzo y compromiso. Una tarea que entraña entrega y sacrificio, Ese era el perfil del educador de esa época amigos.

Pasado ese periodo del “Milagro Mexicano”, de la estabilidad económica y el crecimiento sostenido, llegaron los modelos neoliberales y el panorama cambió. Se permitió el avance de la corrupción y su pareja, la impunidad. La cultura y educación nunca han sido el gran negocio para el Gobierno y se fueron descuidando hasta casi el abandono. Revisen nomás los presupuestos asignados a la cultura. En la educación, en el discurso y en los planes, cada año aumentan los recursos, pero a la hora de evaluar los resultados y ver reflejado el gasto, pues como que no se ve dónde queda el dinero del pueblo.

La historia de siempre, nuestra omisión sirvió para activar las ambiciones de otros. Ese gran protagonista de la educación y líder de la comunidad fue poco a poco conducido a los terrenos del control político y la manipulación, al grado de encomendarle tareas de afiliación partidaria y operación electoral. EL Sindicalismo hizo su mala obra, primero el sindicalismo oficialista que se convirtió en un gigante dirigido por líderes más interesados en el poder y el dinero, que en la educación y sus actores, los alumnos y profesores. Pero también el magisterio opositor y  combativo ha dado muestras de no ser la solución para mejorar la situación. Se ha visto que tras las marchas, plantones y bloqueos hay intereses políticos y económicos ajenos a los principios y valores de la educación que queremos los mexicanos.

En la crisis o fracaso de la educación en México todos somos culpables, unos por acción y otros por omisión. El profesor no es el villano de la historia, como muchos lo quisieron pintar, cuando se impuso hace algunos años la Reforma Educativa recién cancelada. Debemos ponerlo y evaluarlo en su justa dimensión. En el deterioro de su imagen social, como en el de otras profesiones, participan otros factores como la crisis de valores. En este guión, el profesor, no es ni héroe ni villano. Los buenos profesores, han hecho lo que han podido, no lo que han querido. Para ellos nuestro reconocimiento. Hasta la próxima.

 

 

 

 

Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.

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