Violencia sin solución

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Abriendo Brecha

Violencia sin solución

Por: Héctor Saldierna

Ahora que llegó a México la representante de la ONU en Derechos Humanos, Michelle Bachelet, llegó a una triste conclusión al enterarse de la inseguridad que existe en México. “Las cifras  de 252 mil personas muertas  y 40 mil desaparecidos desde 2006, muestran que México está en una fuerte crisis y como si estuviera en guerra”.

Es emblemática la frase pronunciada por la expresidenta de Chile y que exhibe la profunda y aguda violencia que asola al país desde el momento de una gravísima decisión: declarar la guerra al narcotráfico de parte del entonces presidente Felipe Calderón.

Tal vez jamás se imaginó que desataría todos los demonios. No logró visualizar que estaba destapando la caja de Pandora y con ello la estela de sufrimiento y destrucción que desde entonces se ha enraizado en el alma colectiva de México.

En el siguiente sexenio, con Peña Nieto, ya no logró frenar esa desgracia que desde entonces hemos padecido los mexicanos. Las cifras todavía se incrementaron y probaron que no sería fácil eliminar la problemática.

Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador se suponía que su estrategia sería distinta a la participación de las fuerzas militares, toda vez que en campaña habló de una acción inteligente y estratégica. Una vez instalado en el poder propuso la Guardia Nacional, una combinación de fuerzas militares, con lo que invalidaba una posición anterior.

No obstante, se consensó con las diversas organizaciones partidistas en el Congreso que el mando sería civil, haciendo a un lado el espectro militar. La percepción general es que sería una solución de lo mismo y que lejos de disminuir la problemática de inseguridad, podría incrementarlo sensiblemente.

Ahora la decisión presidencial es que el mando sea militar, no civil, por lo que vuelven a surgir los temores que haya una espiral inflacionaria de violencia, aunque el presidente ha manifestado con frecuencia que el mandato es que respeten a la población civil.

Un asunto que podría resolverse en poco tiempo y que no sería de mayor dificultad, se ha complicado no obstante. Estamos viviendo tiempos aciagos en donde se ha perdido la tranquilidad y la paz social, la que México había vivido desde hacía muchos años.

Una vez que terminó la revolución y ya para 1929 empezó a vislumbrarse un período de paz que se prolongó durante varias décadas.

Hay quienes piensan que no había de otra y que solamente así, con la participación del ejército, podría solucionarse el asunto del narcotráfico. Pero la apuesta fue atroz. Lejos de contener a las mafias del narcotráfico, éstas se expandieron y cada año que pasa, las cantidades de personas muertas y desaparecidas se han incrementado.

A estas alturas han surgido un gran número de bandas delincuenciales que parecen no tener fin. Y no solamente son asuntos de drogas, sino que  han diversificado una serie de ilícitos que la autoridad se ha declarado totalmente incompetente. O, en los últimos de los casos, se  ha producido una connivencia que hace pensar que no hay solución a corto plazo.

Y, además, no sólo han escalado las cifras de la violencia en entidades ya enfocadas, sino que se ha multiplicado el número de Estados en donde han hecho su aparición grupos indeseables de delincuentes.

Lo que deseamos es que la violencia cese en el país. Que ya no haya tanto sacrificio y que México recupere su imagen de paz y tranquilidad que tanto tiempo ostentó. Sea cual sea la solución, México necesita de tranquilidad para entrar en una fase de desarrollo fuerte y sostenido.

Por ahora, México está en la mira del mundo. A nivel internacional se han prendido luces rojas de alerta y esto trae consecuencias perniciosas, porque el turismo sería una de las principales áreas afectadas al no garantizar la seguridad a los visitantes.

La presencia de Michelle Bachelet es una muestra evidente de esta preocupación. Sin embargo, tampoco debemos  soslayar que la desigualdad social, la pobreza y la ausencia de oportunidades, podrían ser también detonantes que han propiciado la transgresión de las normas y la búsqueda desesperada de bienestar social. Y ahí también tiene que ver mucho la concentración de la riqueza en unas cuantas manos.

Y hasta la próxima.

 

 

 

 

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