El camino de la esperanza

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Panoramas de Reflexión

El camino de la esperanza

Una mañana nublada, cuando me disponía a realizar mis tareas matinales, de repente afloraron sentimientos encontrados de sosiego estridente que despertaron la inquietud de afianzar el pensamiento en los recuerdos que habían avivado mis emociones de sentir, experimentar, saciar el vértigo de tenerla a mi lado, de sentirla junto a mí. Me acerque, avancé como pude hasta ella para darle un beso y decirle buenos días. La sorpresa que le causó se me hizo encantadora, excitante y placentera. Continuamos entonces, dispuestos a iniciar el día con tesón y esperanza.

La vida nos brinda dentro de nuestras propias dificultades y limitaciones, grandiosas experiencias para disfrutar el placentero gozo de aquilatar lo vivido, lo que estamos viviendo y lo aún por vivir. Y es que la vida tiene de todo, sólo es cuestión de saber elegir. Aprovechar las oportunidades y circunstancias que nos brinda, esquivar los problemas y adversidades que encontramos, desechar las malas influencias que nos agobian y acercar las esperanzas que anhelamos, traerá siempre buena ventura. No es justa ni fácil para nadie pero disfrutar de sus frutos también es una elección. Las adversidades toman su tiempo para ser digeridas pero es nuestra obligación afrontarlas y superarlas, no es nada fácil pero tenemos la capacidad de hacerlo aunque no lo sepamos hasta el momento en que se hace necesaria. Se llama resiliencia a la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Yo la he asumido ya en varias ocasiones, y a veces me hace pensar de manera amarga y triste, aquellos actos intrépidos y temerarios que realizan algunas personas en su vida. Los jóvenes piensan que siempre van a estar así, en condiciones físicas sanas y saludables, y cometen errores constantes poniendo en riesgo su salud e integridad física. Los adultos hacemos en ocasiones cosas parecidas; sin embargo, cada quien es dueño de sus propias decisiones, elegir es sólo cosa nuestra. Hagámoslo bien. Los viejos somos tercos, empecinados, voluntariosos y hasta soberbios, hacemos caso omiso de indicaciones médicas y eso, cuando nos dignamos acudir a una cita de esa naturaleza. Y vuelvo a lo mismo, la decisión es sólo nuestra. Hagámoslo bien.

En todas estas y otras tantas cosas me puse a pensar aquella mañana después de darle un beso a mi angelito, que de pronto me alentaba a iniciar el día. Desayunar, tomar café, hablar, platicar, leer las noticias en el periódico y en fin, continuar contribuyendo a construir con esfuerzo y tesón el camino de la esperanza. Un camino arduo, difícil, pero pleno de buena ventura. La decisión es de usted, porque si piensa lo contrario, que todo le caerá del cielo o de otro lugar porque lo merece todo está frito. Las ilusiones son pasajeras pero también hacen perder el tiempo cuando son inalcanzables. El trabajo es el mejor reconfortante para su seguridad económica, bienestar y salud. Hágalo, trabaje, no se arrepentirá. ¿No lo cree usted así amigo lector? Piénselo un poco. Que tenga un buen día.

 

Luis Humberto.

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