Contaminémonos.

Por Luis Humberto Muñoz

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Panoramas de Reflexión

 

“Quiero volver a ser feliz. Fui criada con principios morales comunes. Cuando niña, los ladrones tenían la apariencia de ladrones y nuestra única preocupación en relación a la seguridad, era que los acomodadores de los cines nos expulsaran debido a los golpes que dábamos en el suelo con los pies cuando ponían una determinada música al inicio de las películas, en las matinés del domingo.

 

Madres, padres, profesores, abuelos, tíos, vecinos, todos eran autoridades dignas de respeto y consideración. Cuanto más próximos o más viejos, más afecto. Inimaginable responder maleducadamente a policías, maestros, a los más ancianos, o a las autoridades. Confiábamos en los adultos porque todos eran padres y madres de todos los muchachos y muchachas de la cuadra, del barrio, de la ciudad. Teníamos miedo apenas de lo oscuro, de los sapos, de películas de terror. Hoy siento una tristeza infinita por todo lo que perdimos. Por todo lo que mis nietos un día temerán. Por el miedo en la mirada de los niños, jóvenes, viejos y adultos. Matar a los padres o a los abuelos, violar niños, secuestrar, robar, engañar, poner la trampa. Todo, no importa cuán grave sea, termina en la banalidad de noticias policiales olvidadas después del primer intervalo comercial. Agentes de tránsito multando a infractores, no son más que explotadores, funcionarios de la industria de las multas. Policías que persiguen malhechores están aplicando “abuso de autoridad”. Regalías en presidios son materia votada en reuniones. Derechos humanos para criminales, pero deberes ilimitados para ciudadanos honestos. No tomar ventaja es ser pendejo. Pagar puntualmente las deudas es cosa de idiotas, pero no lo la amnistía para los estafadores. Ladrones de traje y corbata, asesinos con cara de ángel, pedófilos de cabellos blancos. ¿Qué pasó con nosotros? Profesores maltratados en las aulas, comerciantes amenazados por traficantes, rejas en nuestras ventanas y puertas. ¡Niños muriendo de hambre! ¿Qué valores son esos? Autos que se valoran más que abrazos, e hijos que los quieren como regalo por haber pasado el año. Celulares en las mochilas de los recién salidos de los pañales. TVs, DVDs, videojuegos. ¿Qué vas a querer a cambio de un abrazo mi hijo? Más vale un Armani que un diploma. Más vale una pantalla gigante que una conversación. Más vale un maquillaje que un helado, Más valen dos centavos que un gusto. ¿Qué hogares son esos? Jóvenes ausentes, padres ausentes, droga presente. ¿Qué es aquello? ¿Un árbol, una gallina, una estrella o una flor?, ¿Cuándo fue que todo desapareció o se hizo ridículo?, ¿Cuándo fue que olvidé el nombre de mi vecino?, ¿Cuándo fue que miré, sin sentir miedo, a los ojos de quién me pide ropa, comida o calzado?, ¿Cuándo fue que me cerré? Quiero de vuelta mi dignidad y mi paz. Quiero de vuelta la ley y el orden. ¡Quiero libertad con seguridad! ¡Quiero sacar las rejas de mi ventana, para poder tocar las flores! Quiero sentarme en el porche o en el patio, y tener la puerta abierta  en las noches de verano. Quiero la honestidad como motivo de orgullo. Quiero la vergüenza y la solidaridad. Quiero la rectitud de carácter, la cara limpia y la mirada a los ojos. Quiero la esperanza, la alegría. Techo para todos, comida en la mesa, salud a millón. ¡Abajo el “tener”, viva el “ser”! Y viva el retorno de la verdadera vida, simple como una gota de lluvia, limpia como un cielo de abril, leve como la brisa de la mañana. Y definitivamente común, como yo. Adoro mi mundo simple y común. ¿Podremos volver a ser gente?, ¿A disentir de lo absurdo?, ¿A Tener el amor, la solidaridad y la fraternidad como bases?, ¿La indignación ante la falta de ética, de moral o de respeto? Quiero construir un mundo siempre mejor, más justo, más humano, donde las personas respeten a las personas. ¿Utopía? ¡No! Es posible si usted y yo hiciéramos nuestra parte y ‘contamináramos’ a más personas, y esas personas ‘contaminaran’ a más personas”.

 

Comencemos ahora, hagámoslo ya. Una reflexión anónima de una señora llena de ilusiones, esperanza y súplica ante una puerca vida actualmente intolerable, indeseable, plagada de corrupción, que genera y permite secuestros, extorsión, narcotráfico y muchas pero muchas otras cosas más. La cosa está fea, ya no es la vida que fue hasta hace algunos años, ya no es la vida de antes carajo, ya no. Sin embargo, la esperanza persiste, confiamos y aguardamos que los valores perdidos germinen, florezcan, renazcan. Todavía es tiempo, está en nosotros. Contaminémonos pues y hagamos lo propio, hagamos lo necesario para que la vida cambie. ¿No lo cree usted así amigo lector? Piénselo un poco. Que tenga un buen día.

 

Luis Humberto.

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