INFONAVIT y el crédito de nunca acabar

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Un concepto muy trascendente dijo Andrés Manuel López Obrador en torno al Infonavit:”Hay mucha preocupación porque los que tienen crédito del Infonavit pagan, pagan y pagan y no terminan de pagar”.

Este concepto así de simple y sencillo revela y devela un gran problema que tienen todos los trabajadores que adquirieron un crédito en el Infonavit y que lejos de constituir un alivio por haber adquirido su patrimonio, se ha convertido al paso de los años en una pesadilla por la dificultad de liquidar el crédito.

Creado en 1972, el Infonavit nació bajo un concepto social y amparado en el artículo 123 de la constitución política mediante el cual se otorgaba un patrimonio a los trabajadores a través de un crédito con una serie de ventajas.

En los primeros años un trabajador podía liquidar el adeudo en menos de 15 años y los costos eran mínimos. Sin embargo, a partir de 1992, cuando el Infonavit dejó de construir la vivienda y se convirtió en sólo un gestor del crédito, entonces empezó a encarecerse el producto.

Sí alguien contrató en 2002 un crédito en el orden de 120 mil pesos, resulta que para 2019 no sólo debe esa cantidad, sino que el adeudo es hoy hasta de 150 mil pesos y todavía con 7 años para liquidarlo.

Luego entonces, haciendo un estimado financiero, un derechohabiente del Infonavit ha pagado más de 200 mil pesos en un lapso de  16 años y resulta que todavía debe su crédito. Al término de otros siete años, tiempo que todavía tiene para pagar, resulta que habrá pagado hasta  un 300 por ciento más, hecho que evidentemente no tiene nada que ver con el concepto social.

Se ha convertido más bien en un concepto financiero de negocios, muy alejado de los principios fundamentales de la constitución política que en teoría debería de beneficiar a los trabajadores y otorgar una certeza a su patrimonio.

En cambio, ahora, sí el trabajador tiene una demora en el pago por tres meses, corre el riesgo de ser despojado de su propiedad, como ha ocurrido en varias entidades del país, donde corporativos jurídicos se han encargado de desalojar a miles de familias. Lejos de la certeza de un patrimonio, más bien existe pánico por una acción extrajudicial de uno de los despachos foráneos que contrata el Infonavit.

Además, resulta que en el comparativo resulta a veces que los intereses son más bajos en una institución bancaria que en el propio infonavit, que se presume debería ser la entidad que protege y cuida el interés de los trabajadores.

Será muy importante que el anuncio de Andrés Manuel sea certero, que vuelva a los orígenes del Infonavit y no vaya ser tan sólo una promesa incumplida como suele suceder cuando hablan los políticos.

Cuando se fundó en 1972 y siendo su primer director Jesús Silva Herzog, se entregaron 88 mil créditos a igual número de familias.  Y fue el mismo Infonavit que construyó sus viviendas. Pero fue en 1992 que se desestimó el modelo y entregó a terceros la edificación de las viviendas y encareció el apoyo financiero.

Se dejaron de hacer pagos fijos y se inventó el asunto del salario mínimo, con lo que año con año se incrementa la mensualidad, además que anualmente se cobra un interés del 7 por ciento, con lo que varias mensualidades del año en curso impactan sobre el crédito.

Por eso es que un crédito del Infonavit es un cuento de nunca acabar, donde los principales actores que son los trabajadores y sus familias terminan por cubrir grandes cantidades de dinero al paso de los años y sin ningún beneficio supuestamente amparado en el artículo 123 constitucional. Es decir, se trata de un cuento de terror en donde no existe el final feliz y, sí en cambio, el pánico en toda su expresión. En un cuento donde uno de sus protagonistas, el caso de Penchyna, su último director con Peña Nieto, cobraba hasta 700 mil pesos mensuales. Algo propio  de un país surrealista.

 

Y hasta la próxima.

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