Cuidemos más nuestra tierra.

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Panoramas de Reflexión

Cuidemos más nuestra tierra.

Tengo un carismático cuñado, es esposo de mi hermana Esther y yo soy esposo de su hermana María Elena, pero eso es otra historia; les decía que tengo un cuñado muy inquieto, se llama Samuel Aparicio, es muy participativo y buen crítico, le gusta mucho ayudar a la gente con sus consejos, sus conocimientos, su experiencia, su filosofía de la vida. Anda últimamente con una preocupación que considero comentarla aquí. Él me dice y me asegura que nosotros los seres humanos estamos destruyendo poco a poco nuestro planeta y que además, nos estamos destruyendo a nosotros mismos consumiendo alimentos que son naturales pero envasados y procesados con demasiados productos químicos. Es decir, fertilizantes, conservadores y saborizantes artificiales.

“Efectivamente, nosotros somos los únicos responsables de destruir continúa y paulatinamente nuestro medioambiente por conservar suntuosos y presurosos estilos de vida demasiado arraigados, que prácticamente ya no podríamos cambiar debido a que tenemos objetivos egoístas de supervivencia. Derribamos miles y miles de hectáreas de árboles cada año –me dice–, o no podríamos leer libros, periódicos y revistas con diversos contenidos, desde científicos o culturales, hasta morbosos y obscenos”. También, a su manera me comentó: “Destruimos kilómetros y kilómetros de la capa de ozono que cubre la tierra, o no podríamos disponer de aerosol para el cabello. Tenemos que incluir productos químicos en artículos envasados, o no podríamos mantenerlos por mucho tiempo en los anaqueles de los supermercados. Tenemos que contaminar ríos y arroyos, o no podríamos lograr que nuestras industrias produzcan más y mejor. Tenemos que explotar a otros –los menos favorecidos, los menos preparados, los menos enterados–, o no podríamos vivir en la cumbre de la escala humana con un lujo inaudito y además, tenemos que negar que estemos haciendo esto, o no podríamos vivir con nosotros mismos. No estamos dispuestos a renunciar a nada por los siglos de los siglos amen”. Por otra parte, además me dice: “observamos una acelerada escasez de tierra en este planeta. Es decir, los agricultores se están quedando sin tierra buena para cultivar alimentos. Esto se debe a que la tierra necesita tiempo para reconstituirse, y eso es de lo que más carecen los productores. Ellos quieren que los terrenos produzcan, produzcan, produzcan. De ese modo, se ha abandonado la vieja práctica de alternar los cultivos de temporada a temporada. A fin de compensar la pérdida de tiempo, a la tierra se le agregan productos químicos con el objeto de que se vuelva más fértil con mayor rapidez. Sin embargo, en esto como en todas las cosas, no se puede elaborar un sustituto artificial para la Madre Naturaleza que se aproxime siquiera a lo que Ella proporciona. Se cultivan más y más alimentos en una tierra que cada vez tiene menos contenido nutricional. Sin hierro, sin minerales. Peor aún, comemos alimentos llenos de productos químicos que se vierten en la tierra en un intento desesperado por reconstituirla. Si bien en el corto plazo no ocasionan daño aparente al organismo, a la larga se descubrirá que estos rastros de productos químicos que permanecen en el cuerpo, no producen salud sino muerte”.

Mi cuñado Samuel tiene mucha razón en todo esto que me dice, pues estos son sólo algunos ejemplos de las muchas formas en que se deteriora y agota a la Madre Tierra, la dadora de vida, con una total indiferencia hacía sus necesidades y procesos naturales. Finalmente le contesté, agradeciendo su interesante charla, ¿qué bueno no? Le seguimos duro con Ella o ahí le paramos. Nosotros tenemos la palabra. ¿No lo cree usted así amigo lector? Piénselo un poco. Que tenga un buen día.

 

Luis Humberto.

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