Tecnocracia y neoliberalismo, fuera de la visión gubernamental

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Tecnocracia y neoliberalismo, fuera de la visión gubernamental

Por: Héctor Saldierna

La asunción de Andrés Manuel López Obrador a la primera magistratura del país se convierte en un hecho histórico de grandes proporciones. Independiente a la simpatía o la aversión, llega un personaje de enorme carácter y que supo imponerse a final de cuentas a un sistema que lo combatió, denostó y lo sigue atacando, como consecuencia de sus primeras decisiones adoptadas en la etapa previa de su arribo al poder.

Este sábado 1 de diciembre existe una gran expectativa por la toma de protesta del presidente de la república, quien obtuvo más de 30 millones de votos el 1 de julio y llega consolidado al poder, con un gran arropamiento popular.

No será fácil su tarea de gobernar porque existen enormes poderes que se han afianzado a lo largo de 30 años y que no habrán de renunciar a sus prebendas y privilegios.

A las primeras reacciones surgidas desde el congreso de la Unión, la respuesta fue brutal: desplome de la bolsa de valores y depreciación del peso, lo que indica el manejo y la maniobrabilidad de los fuertes intereses que manejan el mercado financiero.

Son los capitales los que pretenden seguir tripulando a un país que se había rendido al culto del libre mercado, las privatizaciones, a la reducción y escasa presencia del estado, sometido a la arrogancia de lo material y al espíritu neoliberal y tecnocrático que había dictado las políticas públicas por más de tres décadas.

Con una total ausencia del  espectro social, las políticas gubernamentales habían desplazado totalmente a los conceptos de carácter comunitario, de beneficio hacia las mayorías. En cambio, había privilegiado a los grandes grupos empresariales que se habían devorado al país con su incontenible e insaciable apetito.

Pensar en forma diferente es una ofensa y un pecado que no admite más que la visión que había llevado a una población, en más del 50 por ciento, hacia la pobreza extrema. Las cifras crecían potencialmente año con año y jamás habría un sentimiento de compasión hacia quienes diariamente transitaban hacia el cinturón de la miseria.

Llama la atención el enorme número de periodistas, cronistas y narradores que se aferran a un estado de cosas que ya había establecido sus normas y que cuando existe una corriente de pensamiento diferente, inmediatamente crucifican y ejecutan, por decirlo en forma ilustrativa, a quienes no comulgan con sus ideales o más bien intereses.

México se encuentra ahora ante la gran posibilidad de cambio, con una manera de pensar distinto y que pretende cambiar el escenario en donde sean las grandes masas de mexicanos que se beneficien con una política social y de un espectro más amigable.

No debemos olvidar que las mejores épocas de México, llamado así durante el Desarrollo Estabilizador, fue consecuencia de una fuerte presencia del Estado y se apoyaron a los diversos sectores para desarrollarse y lograr índices de crecimiento que jamás se han alcanzado durante los años 80 a las épocas actuales.

México era ejemplo a nivel mundial y estaba por encima de naciones que, por ahora, se encuentran en una mejor escala de desarrollo, como es el caso de algunas naciones asiáticas como China, Corea del Norte y Singapur, entre otras.

México destacaba en varios rubros y tenía una especial atención sobre el sector primario, el campo, así como las tareas de una gran infraestructura que impulsó al sector eléctrico y al petrolero, con grandes resultados para el país.

Fue una época donde también aceleró la industrialización y, en el caso de Veracruz, se observó la presencia de empresas importantes como Tamsa, Metalver, TF de México, los Astilleros Unidos, entre otras. Su debacle estuvo acompañada, evidentemente, de la visión neoliberal que por alguna razón, que no concuerda con la lógica, empezaron a desmantelar al país paulatinamente al grado de convertirnos en los grandes importadores de todos los bienes de capital y de servicios.

Sí el presente gobierno actúa con inteligencia podría obtener grandes resultados. Tienen que ser cautos y muy medidos, porque cualquier error podría ser fatal. En términos médicos se podría decir que la enfermedad de México está asociada a una serie de factores que se ha incubado durante varias décadas, donde sobresale el padecimiento de la inseguridad extrema.

La curación tiene que tardar y no puede resolverse en tan poco tiempo. No hay un medicamento cuya potencialidad permita la obtención de la salud en breve lapso. Un acupunturista indica que una enfermedad larga, también tiene que recibir un tratamiento dilatado para lograr la salud.

El reto ha empezado y sí a Andrés Manuel le va bien, también le irá bien a México. De no ser así, entonces los resultados podrían ser muy adversos. La moneda está en el aire.

 

Y hasta la próxima.

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