Personajes inolvidables.

Por: Luis Humberto Muñoz Vazquez

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Panoramas de Reflexión

 

Hace ya algunos años, hurtando de un enlace en la red social Facebook un pensamiento que mi estimado amigo Pedro Manterola (QEPD) hacía a una página de la BBC de Londres (British Broadcasting Corporation-Corporación Británica de Radiodifusión) titulada BBC Mundo. En fotos: el tabú de la mirada de los ciegos, en la que el joven fotógrafo español Rubén Plascencia presenta la impactante serie de fotografías titulada “Obscure”, en la que enfrenta a los visitantes con la mirada de personas ciegas para obligarlos a ver una realidad a la que no están acostumbrados.

 

En ese enlace, Pedro compartió la siguiente reflexión evocando la memoria de un viejo personaje urbano de nuestro pueblo: «”¿No has visto pasar a mi novia, Martín?”, preguntaba de chamaco al ciego de mi pueblo, un invidente con un sarape echado al hombro que escuchaba incesantemente un viejo radio de transistores en la esquina de la iglesia. ¿A dónde llegan las miradas que no van a ninguna parte? A las emociones. A la duda de lo que sería ver tu rostro por primera vez, al recuerdo de lo que fue descubrirte mirándonos uno al otro. Al deseo de ver juntos en la misma dirección. A preguntar de qué color son bosques, mares, calles, ríos, frutas, hojas, firmamentos. A imaginar la oscuridad detrás de dos esferas luminosas y apagadas, desconcertados observatorios de la nada. A pensar lo que sería estar vivo sin poder vislumbrar rostros, letras, formas, lugares y parajes entrañables. A dar un abrazo, a dar las gracias, a admirar y respetar a cada uno de ellos. A querer ver todo como si cada vez fuera la primera… Será que todavía creo en la primera vez, y que no hay peor ciego que el que no quiere ver.». Al respecto les comento que en Martínez De la Torre, como en cualquier ciudad, pueblo, tiempo y espacio, han coexistido personajes inolvidables perdidos en la distancia de nuestra memoria. A Martín lo recuerdo como siempre, dando vueltas en pequeños círculos, escuchando su radio y pidiendo limosna en la esquina de la inolvidable Mueblería “El Puerto de Vigo” propiedad del Señor Guillermo Rodiles, sobre la Avenida Maximino Ávila Camacho y la calle Hidalgo. Poco después se fue a la ciudad de Xalapa a continuar su interminable rutina. ¿Cuándo?, no lo sé. Siempre dando vueltas pero después allá, a la entrada del pasaje Tanos sobre la Avenida Enríquez. No recuerdo ni sé nada de su origen, sólo su nombre, Martín. Viejo amigo que a muchas personas, incluyéndome yo, contestaba el saludo por nuestro nombre. ¡Qué tal Martín!, ¡Que tal Luis! Cómo olvidarlo. Sin embargo, cómo olvidar también a María la menesterosa indigente que cargaba una muñeca deambulando por las calles, añorando quizá algún hijo perdido. Durante mi estancia en Xalapa como olvidar a Juanote, viejo cargador alto y fuerte de quien alguna vez solicitara sus servicios para subir a un cuarto de azotea una cómoda, un mueble de cedro como de metro y medio de alto por un metro de largo y sesenta centímetros de ancho que ocupé cuando estudiaba en aquella ciudad. Me dejó estupefacto al observar la destreza con la que envolvió aquel mueble con un sarape para luego amarrarlo y jalarlo él solo desde la azotea. Poco después supe su nombre y algo de su historia. Juan Herrera Vázquez, originario de Tlapacoyan, Ver., y gran aficionado a la música clásica que siendo un hombre de escasos recursos, asistía todos los viernes al Teatro del Estado a escuchar el concierto de la Orquesta Sinfónica de Xalapa. Se conoce como suya la frase: “Es mejor callar que hablar”. Tenía dos conciertos preferidos. El primer concierto para piano de Mozart, “cuya alegría lo desbordaba” y la quinta sinfonía de Shostakovich, la cual no se podía quitar de la cabeza al trabajar (la sinfonía fue encargada al músico por las autoridades soviéticas con el fin específico de enaltecer la cultura del trabajo en la fábrica de los obreros). En la calle de Enríquez en el centro de la ciudad de Xalapa, junto a la extinta oficina de paquetería de los FNM., existe un altorrelieve colocado “in memoriam” de Juanote. La placa que conmemora su presencia y el reconocimiento que con ella se hace fue pagada en parte por los músicos a quienes siempre acompañó (y hasta aconsejó), por las autoridades de la universidad y por el mismo ayuntamiento junto con la aportación voluntaria de llaves de cobre que otorgó la misma ciudadanía para su elaboración. Cuando falleció la Orquesta Sinfónica de Xalapa tocó en su honor.

 

Evocar personajes urbanos inolvidables sería imparable, son tantos que el espacio que amablemente me otorgan no alcanzaría. Algún día podría platicarles escasas reminiscencias del atento Nato, el bailarín Pancho bolero o el destacado violinista el Pitaleño. Son más, mucho más. Personas gratas todas, de calidad humana insospechada, parte del folclore de nuestra región. Entrañables amigos que saludábamos continuamente, casi a diario, en nuestro andar por la ciudad. Que Dios guarde de sus almas. Gracias amigo lector. Que tenga un buen día.

 

Luis Humberto.

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