El desafio de la CFE

Por: Héctor Saldierna

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Abriendo Brecha

Por: Héctor Saldierna

El nombramiento de Manuel Bartlet a la dirección de la Comisión Federal de Electricidad ha sido polémico porque amplios sectores consideran que no se encuentra preparado y que no reúne el perfil para la ahora empresa productiva de Estado.

Los ataques principales han venido principalmente de organizaciones empresariales y, desde la consideración del mismo Bartlet, se debe a una campaña orquestada por el mismo Carlos Salinas, en cuyo gobierno fue funcionario de alto nivel.

Las instrucciones que tiene Manuel Bartlet es la de rescatar a una empresa gubernamental que fue severamente afectada durante el presente sexenio, consecuencia directa de las decisiones de apostar por su debilitamiento y, en contraste, privilegiar a las empresas extranjeras.

Y no solamente fue una acción orquestada en el gobierno de Peña, sino que tiene su antecedente desde los gobiernos de Fox y de Calderón, con lo que empezaron afectar la funcionalidad de la empresa al otorgar beneficios a inversionistas extranjeros.

Es verdad que en el presente sexenio se agudizaron los ataques hacia la empresa gubernamental, siendo el objetivo doblegarla y minimizarla a su mínima expresión.

Una de las razones más pronunciada sobre este aspecto es que se había abandonado la inversión casi en su totalidad. Había centrales, hidros y termos de la CFE a las que ya no estaban apoyando con el avieso propósito de volverlas inoperantes y descartarlas de la actividad productiva.

Evidentemente ello había ocasionado nerviosismo entre  sindicalizados y gente de confianza, como resultado previsible en la disminución de fuentes de empleo. Las instrucciones eran muy precisas: no alentar la inversión en la infraestructura de CFE y, sí en cambio, promover y alentar la inversión extranjera.

Se respondía claramente a una doctrina neoliberal impuesta, como hemos dicho de manera reiterada, por un gobierno que buscaba   el adelgazamiento del Estado y dejando en manos de extranjeros las fuentes energéticas, aspectos torales de una nación en las que está inmersa la soberanía.

La respuesta que brindó la ciudadanía el 1 de julio de 2018 es una evidencia  clara y contundente sobre lo que quiere. Las reformas estructurales impuestas por gobiernos del PRI y del PAN, pero particularmente éste último, trajo como consecuencia lógica el rechazo de la ciudadanía.

Treinta millones de votos determinaron el futuro de esta nación que ya no quiere más reformas que afecten la economía de millones de mexicanos, donde el factor dominante fue el respaldo a los grandes empresarios y quitando las posibilidades de bienestar a más de 60 millones de mexicanos, viviendo por ahora en la pobreza extrema.

Y no sólo eso, la inseguridad extrema que ha golpeado al país desde el gobierno de Felipe Calderón y que se disparó a niveles alarmantes y que lejos de contener, se ha ido incrementando. El gobierno de Peña Nieto no fue capaz de resolver este conflicto y, lo que es peor, lo agudizó. El año 2017 se ha distinguido por contar con la estadística más elevada de 31 mil muertos, con sus consecuentes acciones de impunidad.

Han tratado de resolver este problema a través de una política de castigo y represión hacia los grupos delincuenciales, sin reparar en las causas que lo ocasionan. E incluso con fuertes síntomas de connivencia.  Los mismos médicos saben que  atacar una enfermedad es mediante compuestos que ataquen  la raíz de la dolencia y no mitigarla, con resultados inoperantes.

Sin embargo el problema se ha agudizado y ha crecido de manera exponencial, al grado que ya afecta a centros turísticos como Cancún y Los Cabos, sin que haya acción gubernamental eficiente. Todo ha sido por la ausencia de mecanismos eficientes.

Bien decía Einstein que si seguimos con las mismas tácticas, lógicamente seguiremos con los mismos resultados. México necesita a hombres que tengan el coraje y la dignidad para cambiar el estado de cosas, porque actualmente es un hecho real que no han funcionado los planes aplicados.

Sí Bartlet ha tenido un discurso antineoliberal y estima que tiene la receta para consolidar a la CFE y modificar el estado de ineficiencia y  falta de operatividad, pues  es tiempo de brindarle también la oportunidad, la misma que tuvieron otros directivos y que a final de cuentas, sólo contribuyeron a deteriorar a las instituciones nacionales. Y eso no debe tener perdón porque se trata del destino de una nación.

Y hasta la próxima.

 

 

 

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