La magia del amor

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Panoramas de Reflexión

La magia del amor.

Con frecuencia pienso, creo tal vez, que en sentido estricto no existen pócimas fabulosas o supuestos brebajes, hechicerías mágicas que puedan transformar muchas de las realidades dolorosas, punzantes y agudas en bienestar propio o ajeno. Es difícil cambiar las realidades de todos los días; el hambre, la miseria, las injusticias, el desprecio ocasional de los demás.

 

No obstante, existe en el alma una formidable magia con el poder enorme de transformar sutilmente las cosas horribles de la vida y el insoportable dolor de los demás en amor, en esperanza y en comprensión. Esta magia vale por todas las pócimas o brebajes fantásticos y es muy superior a la misma imaginación. Los psicólogos la llaman resiliencia. Por ejemplo, en una familia, cuando muere el padre o la madre que deja a tres hijos huérfanos sucede con frecuencia que uno de ellos se hace alcohólico, otro decide dejarse hundir en las depresiones donde pierde el poco sentido de la vida que le quedaba; sin embargo, la prueba irrefutable de que existe un poder oculto en el interior del alma de cada esencia se manifiesta porque suele suceder que el tercero de los hijos escoge, en medio de la soledad dolida, trabajar más, esforzarse más y estudiar con doble ahínco para sacar a la familia y la vida personal adelante. Es manifiesto que en este hijo, que sufrió las tentaciones de olvidarlo todo por la muerte del padre o de la madre y por el desamparo y que en silencio estuvo a punto de dejarse abatir por la nostalgia y la melancolía, pudo encontrar algo misterioso no afuera sino en lo hondo de sí mismo. Este fue el que encontró la toma fabulosa en la magia inmensa del amor. Sin embargo, no todo en la vida se puede transformar a la perfección y por ello el corazón humano sueña y sueña desde la cuna hasta la tumba con el deseo de encontrar otro brebaje fantástico o cosas extraordinarias. Pero no se resigna a buscarlas en si mismo. Por eso no las encuentra, no cambia su tristeza en alegría ni su odio en amor, ni su fracaso en éxito ni su amargura en felicidad. Y se queda soñando con que algo de afuera, el sexo, el poder, la fama y el dinero, le cambien absurdamente su desánimo en coraje para vivir con toda el alma.

 

Cuando salgo a la calle que es muy poco, me encuentro en la mayoría de las veces con personas abrumadas con momentos difíciles y desesperados, padeciendo tristemente amarguras y sinsabores añejos que no han podido digerir y veo mucha gente lastimada, maltratada que no puede olvidar los insultos, perjurios y las ofensas que recibieron años atrás y los siguen reviviendo a pesar de que el tiempo ya los dejó detrás envueltos en las hojas amarillentas y abigarradas del calendario. Amargarse la existencia por penas y problemas diversos, es la salida más pronta y el temor y miedo a hacerles frente lo alienta por lo que venda los ojos y nos paraliza para encontrar nuevas salidas que siempre las hay. ¿Por qué será que no somos capaces de recordar que cuando pasa un tiempo considerable de aquellas penas que nos abrumaban, nos reímos de ellas una vez resueltas? Recuérdelo siempre. ¿No lo cree usted así amigo lector? Piénselo un poco. Que tenga un buen día.

 

Luis Humberto.

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