¡Hace 50 años murió “El Chango”!

Por:Jorge E. Lara de la Fraga.

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ESPACIO CIUDADANO

Por:Jorge E. Lara de la Fraga.

Allá por 1998, hace ya 20 años, participé con un grupo de maestros e investigadores en la configuración de un libro titulado “Personajes de Veracruz”, bajo las directrices y la coordinación del Gobierno del Estado de Veracruz y de la Secretaría de Educación Pública (vía el INEA). A cada colaborador o participante le tocó elaborar la biografía de un ciudadano de la comunidad jarocha que se hubiera distinguido en las labores político-sociales, en las ciencias, en las artes, en facetas culturales – humanistas y en la participación de sucesos memorables. En mi caso, por ser oriundo de las tierras fecundas y de las colinas de la esperanza, se me asignó el compromiso de desarrollar por escrito la vida y obra del paisano Ernesto García Cabral, lo cual fue de mi agrado y me esmeré por cumplir con decoro tal encomienda, investigando en revistas, libros y dialogando con huatusqueños maduros.

Así pude saber que Ernesto nace el 18 de diciembre de 1890 y que fue hijo de Vicente García y de Aurelia Cabral, personas sencillas, decentes y de modestos recursos económicos. También me enteré que llevó al cabo los estudios primarios en su localidad y cobró fama por su destreza para dibujar. Con habilidad prodigiosa elaboraba paisajes, rostros, figuras de conocidos, animales, vegetales y todo lo que observaba a su alrededor. En razón de esas cualidades creativas el Jefe Político de la región de Huatusco, el C. Joaquín A. Castro, solicita una beca para ese precoz artista. Con la venia del gobernador de la entidad, el señor Teodoro A. Dehesa, se le da la oportunidad a García Cabral de estudiar en México, en la Academia de Pintura y Escultura de San Carlos (en 1906), cuando dirigía los destinos del país el Gral. Porfirio Diaz. En esa institución tuvo la gran oportunidad de recibir las orientaciones y las enseñanzas de los maestros German Gedovius, Daniel del Valle, Carlos Lazo, Doctor Servín y Roberto Montenegro.

Egresó joven de la Academia mencionada y puedo aseverar que a lo largo de su vida profesional dejó huella imborrable a su paso, desde esos inicios en su país como colaborador de la revista “Multicolor” hasta en sus estancias temporales en los países del Viejo Continente y Argentina, donde intercambió experiencias con otros maestros del pincel y de la paleta, sin dejar de lado su participación gráfica en revistas y periódicos, mejorando a cada momento sus trazos e imprimiéndole más realismo a sus creaciones. A su retorno a México, específicamente a la mítica Ciudad de los Palacios, se inicia para Ernesto la etapa más brillante y productiva de su genial versatilidad. Coadyuva con los medios de comunicación más importantes de carácter impreso, como los periódicos Excelsior o Novedades y en revistas prestigiadas; cobran celebridad en ese tiempo las portadas del semanario “Revistas de Revistas”, mismas que son consideradas como verdaderas obras de arte.

En múltiples ocasiones he centrado mi recuerdo en el “Gran Chango”, en el inolvidable bohemio de siete suelas, en el gran maestro de la caricatura. La razón de que me identifique con tal personaje sucede porque siendo un chamaco de 12 años presencié el acontecimiento de los 75 años de mi terruño con el honroso título de Ciudad. Estuve como un testigo menor en esas extraordinarias “Bodas de Diamante” del Señorío de Cuautochco y en tan relevante evento me impactaron las audiciones y las actuaciones populares en el Parque Zaragoza; pude identificar a relevantes artistas e intelectuales de esa época que fueron invitados especiales del coterráneo Ernesto García Cabral. De entre tales figuras destaco a Cantinflas, a Pedro Vargas y a Agustín Lara, sin dejar al margen al torero Carlos Arruza, al periodista Manuel Horta, a los caricaturistas Carreño y Freyre y además al filósofo Leopoldo Zea. No podía entender cómo esas personas tan distinguidas pudieran estar ahí, en ese pueblo pintoresco pero olvidado de la geografía mexicana.

Seres ilustres lo destacaron por su personalidad atrayente, por su versátil obra, su don de gentes y sus lances ocurrentes y simpáticos. Para nada resultan gratuitos los reconocimientos hacia su persona de Alfonso Reyes, Gabriel Alfaro, Isidro Fabela, Rodrigo del Llano, Juan José Arreola, Diego Rivera, José Clemente Orozco y otros más. El próximo mes de agosto se cumple la media centuria del fallecimiento del paisano célebre y sería lógico que las autoridades municipales o estatales le hicieran un homenaje póstumo. Seres de esta índole no se dan a raudales “ni brincan en cualquier árbol”.

 

Atentamente


Profr. Jorge E. Lara de la Fraga.

 

 

 

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