Valores.

Por: Luis Humberto Muñoz Vazquez

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Panoramas de Reflexión

 

En ocasiones, para no decir “a veces” que es una expresión que tengo muy pegada, he tenido la inquietud de platicarles acerca de la enorme pérdida de valores que estamos padeciendo hoy en día, y voy a platicarles algo de ello; y es que está muy desbocada esa tendencia en su loca carrera hacia una hondonada que va a estar muy cabrón para que se salga de ella; quizá pasen años, generaciones, no sé cuánto tiempo pero como decía mamá, “eso ya no lo voy a ver”.

 

Hablo por teléfono periódicamente a una oficina para saludar a un gran amigo que es ingeniero. Después que su secretaria toma la llamada y si por algún motivo no lo encuentro, me invita a que le llame más tarde. A continuación, ya para despedirme, le agradezco su atención cuando me percato que es al auricular de mi teléfono a quien le doy esas gracias porque ella ya me colgó. Tal vez pocas personas le agradezcan su atención o trate con otro tipo de gente, no sé lo que le pase. Yo nunca le he comentado a mi amigo lo que me sucede en el teléfono con su secretaria cuando no lo encuentro, a veces me dan ganas de decirle a ella pero no sé cómo lo vaya a tomar, tal vez se enfade y prefiero no hacerlo. La subestimación es un prejuicio también. Cuando de niño me portaba mal, lo cual era muy seguido, mamá me decía: “vas a querer que te eduquen en la calle si no te compones”. Y es que en la calle se han educado muchas personas a base de los golpes de la vida y los reveces que les propinan a quienes ofenden. En lo personal, prefiero no educar a nadie, tal vez yo tampoco lo esté. Es urgente que cada padre de familia tome cartas en el asunto si es que quiere que las próximas generaciones donde sus hijos y nietos estarán, disfruten de la cortesía, el honor, la honestidad y el recato, la honorabilidad y el acato o sumisión y respeto a las normas sociales; en fin, a una amplia gama de valores que ya se ven cada vez menos en la calle, el trabajo o la escuela; en general, en la vida diaria. Hace algunos años un conocido empresario del pueblo jugó como candidato a un puesto de elección popular y cuando andaba en campaña, varias veces me saludó efusivamente desde su camioneta; a mi esposa también la saludó de esa manera y ella me comentó: “y ahora este, si ni me conoce”. Después perdió en las elecciones, pero eso es otro cantar. Hoy nos ha encontrado por la calle, incluso hemos coincidido en los altos de los semáforos y ni siquiera voltea. El fingimiento de sentimientos o cualidades contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan es hipocresía y es también una falta de cortesía. Un buen amigo tiene muy pegado este palíndromo: “¡Somos o no somos!”, que se apega adecuadamente al comentario anterior.

 

Los valores morales en sociedad van muy de la mano con el sentido común o los valores entendidos, como usted quiera, pero siempre tienen que ver con una innumerable lista de buenas acciones y sentimientos alejados de la falsedad e hipocresía y demás deleznables pasiones. Las personas que los aplican son reconocidas en silencio por el resto de su grupo social en el cual se desenvuelven y es reciproco para ellas, porque recordemos que lo que damos, recibimos. Lo que sembramos, cosechamos. Los changuitos dicen: No veo, no oigo y me callo. ¿No lo cree usted así amigo lector? Píenselo un poco. Que tenga un buen día.

 

Luis Humberto.

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