Paseo electoral

Por: Ángel Lara Platas

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Por: Ángel Lara Platas

Sin lugar a dudas, las elecciones que se celebrarán en éste año serán realmente atípicas. Por ejemplo, ningún presidente de la República había llegado al final de su sexenio con tan bajos niveles de aceptación. La irritación de la gente por la imparable delincuencia mantiene encendidos los focos rojos; y la economía no está para darle gusto a nadie.

El Partido que arropa al amigo del presidente, el PRI, está en apuros. Su candidato, José Antonio Meade Kuribreña, sale de la Secretaría de Hacienda precisamente donde se toman las medidas que, justificadamente o no, terminan afectando el bolsillo de los pagadores de impuestos y de la población en general, por aquello de las alzas en los precios de los productos de la canasta básica.

El Partido tricolor padece severas deficiencias en su dirección. Al frente está un personaje que como burócrata puede ser excelente, cuando ahí lo que se requiere un político de carrera que conozca todas las tripas de la panza política de México. Además, que esté al corriente del estado que guardan cada uno de los trescientos distritos electorales que existen en el País. Y, fundamentalmente, que sepa de manera precisa por qué se pierde una elección y cómo se gana.

En el PRI no se ven a los expertos en cuestiones electorales, esos que saben ganar elecciones en condiciones desfavorables, o los que hacen zurcido invisible para sanar heridas y raspones políticos.

Nadie duda de las capacidades y experiencia en el quehacer público de Meade. Tampoco de su honestidad como funcionario público. No se le conocen excesos.

Sin embargo, la campaña negativa en su contra no cesa, al contrario, se intensifica. Le achacan los famosos gasolinazos,  la inentendible medida 3.3 que tanto ha confundido a los empresarios, y otros detallitos de cumplimiento obligatorio. A pesar de las insuficiencias, hasta el momento no se ve la presencia de un experto que contenga con éxito esa andanada de golpes bajos

Los peleadores de la esquina contraria, se dan vuelo metiendo en el seso de la gente que el ex Secretario de Hacienda es el culpable de todo lo que ha horadado la flaca cartera de los mexicanos.

Por lo que toca a los discursos del candidato “externo”, tampoco se ve el lápiz de los expertos. Lo que hasta ahora se escucha de Meade, no enciende la emoción ciudadana. Los mensajes no tienen la creatividad requerida, se escuchan insípidos, como más de lo mismo.

En cuanto al triunvirato PAN-PRD-Movimiento Ciudadano, no ha contado con la fuerza que dijeron tendría a su nacimiento. Ricardo Anaya se salió con la suya: utilizó la oportunidad que le dio haber estado el frente de Acción Nacional para auto postularse como candidato. Sin embargo, con todo y sus dotes de buen debatiente, Anaya no ha podido superar al oriundo de Tabasco.

Por supuesto que Ricardo Anaya Cortés es hábil como operador político. Lo demostró birlando a personajes tan experimentados como el propio ex presidente Felipe Calderón Hinojosa, el prestigiado panista Gustavo Madero Muñoz y otros. También dejó en el camino a Margarita Zavala, Miguel Ángel Mancera y Rafael Moreno Valle.

Por cierto, la decisión de que el PAN se aliara con el PRD, que ideológicamente son como el agua y el aceite, fue con la intención de quitarle el tufo al blanquiazul de la extrema derecha. En estos tiempos de versatilidad ideológica, no le era muy redituable al PAN mantenerse en la radicalidad filosófica.

Andrés Manuel López Obrador está imparable. Entre más lo atacan más crece. Error de los otros candidatos (o precandidatos, según la ley), de incluir en sus discursos el nombre de Andrés Manuel, así sea para criticarlo. Pareciera que ignoran que entre más se menciona un nombre más se fija en el conocimiento de la gente.

El tabasqueño es el que mayor polémica ha despertado. Las opiniones están polarizadas. Unos lo defienden a ultranza mientras que otros lo ven como una alternativa viable para gobernar al país. Analistas dicen que como presidente de la República llevaría al País al desastre como ahora lo está Venezuela.

Sus discursos están salpicados de ocurrencias. Ha tocado temas que ha sorprendido a algunos de sus más cercanos seguidores como ocurrió con Elena Poniatowska, que expresó su desacuerdo con la propuesta de otorgar amnistía a los delincuentes.  Y no se diga la reacción que tuvieron los familiares de los secuestrados o desaparecidos. Desde cualquier punto de vista, esa “Propuesta de campaña” fue un verdadero desatino. Los que lo siguen de manera incondicional dicen que no quiso decir lo que dijo.

En relación a los independientes se puede decir en términos generales que los partidos políticos han dejado de representar los intereses de la sociedad, pero los mexicanos no tenemos aún la cultura de la firma; tampoco hemos adoptado como alternativa la figura de los candidatos independientes. Sus posibilidades de triunfo por ahora no se ven cercanas.

No nos convence la idea de hacer ganar a un independiente, a pesar de la molestia contra los partidos políticos.

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