¡Ya tengo mi gallo!

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ESPACIO CIUDADANO

¡Ya tengo mi gallo!

Jorge E. Lara de la Fraga.

Expreso un comentario repentino, a “vuela pluma”. Desde ahora y conociendo a los 3 nominados más importantes para la sucesión presidencial a realizarse en el 2018, almaceno en mi interior la posibilidad de que ahora sí se le haga justicia a un pundonoroso luchador social que a lo largo de su existencia ha enfatizado en los errores cometidos por un grupo político enriquecido, que para nada se interesa por las potencialidades del país ni menos escucha los lamentos y estrecheces de esos más de 50 millones de compatriotas hundidos en la pobreza y en la miseria. En el 2006 y en el 2012 el líder tabasqueño no pudo alcanzar el podio supremo por las trapacerías, la guerra sucia sin cuartel y la derrama escandalosa de dinero para la compra de conciencias. En este nuevo año la gente está muy cansada, molesta y hastiada por los abusos de esas hordas depredadoras bipartidistas; por ello muchos le apuestan al cambio real, a la transformación de estructuras caducas. En ese sendero me encamino –al igual que otros- y esperamos pronto ver la luz al final del túnel sombrío.

Observo y trato de analizar con la objetividad debida a los dos candidatos que acompañan en la justa o competencia a AMLO y me atrevo a expresar mi sentir con respecto a ellos. En principio abordo el caso del joven impetuoso Ricardo Anaya, quien en varias de sus intervenciones, antes y después de su denominación, se muestra muy seguro de sí mismo, envalentonado por los triunfos auriazules en algunas entidades y varios municipios, así como por encabezar a la alianza partidista que lo respalda en pro de la presidencia de la República; lo que parece no asimilar ese personaje temperamental es que a lo largo de su trayectoria ha dejado muchas heridas y cerrado varias puertas al interior de su propio instituto panista. Me preocuparía que tal individuo arrebatado e impulsivo triunfara, porque la responsabilidad del cargo importante en juego demanda firmeza, prudencia y consistencia ética.

En lo que refiere al señor José Antonio Meade me sorprende que los celosos tricolores lo hayan proyectado electoralmente, sin ser de origen priísta y en el entendido de que en sus intervenciones manifiesta un semblante de inseguridad y de cierta zozobra; a mi modo de ver no está a plenitud ni a gusto en medio de conglomerados amplios, aunque éstos sean disciplinados y al modo clásico de las matracas, de las porras preparadas y de la banderolas frenéticas. Sabe el designado que tiene que cumplir puntualmente su rol y se afana en ello, aún cuando sus prédicas no alcancen los decibeles ansiados por sus promotores. Hay que decir que Meade se desenvolvió en cargos técnicos y en labores académicas, pero en su peregrinar personal no hay vestigios de acciones políticas o de liderazgo “a ras de tierra”  y aspirando el sudor humano. Hoy es presentado como un prestigioso conocedor de las ciencias político-económicas, con posgrados en el extranjero y con antepasados ilustres, pero nadie puede asegurar que esos atributos lo puedan apuntalar para ser el paladín que las circunstancias históricas de la Nación demandan.

De manera afortunada todavía hay muchos alocados idealistas que queremos algo mejor para todos y por ello nos sumamos a esas aventuras “populistas” y a las concentraciones revitalizadoras. Algunos ya superamos las 6 o las 7 décadas y sin embargo nos seguimos rebelando contra esa cauda de demagogos que enarbolan tesis neoliberales y han provocado una más profunda brecha entre los compatriotas, saciando a plenitud sus apetitos personales. Ante ese tobogán siniestro en que estamos inmersos, los ilusos vislumbramos otros horizontes promisorios, pues estamos conscientes de que con un guía austero y congruente enderezaremos el navío y lograremos darle un nuevo rumbo al país.

En este 2018 de nosotros depende proseguir hacia el precipicio o atreverse a conformar un nuevo orden de cosas; la moneda está en al aire y se avecinan épocas escabrosas en el ámbito político electoral; estamos en la fase de las precampañas y después desembocaremos en una probable “madre de todas las batallas”, donde lamentablemente imperararán los golpes bajos, las descalificaciones, las versiones falaces y las mentiras perturbadoras.  De cada uno de nosotros depende no caer en esa trampa de las fuerzas conservadoras que lucharán ferozmente por aferrarse al poder y preservar sus privilegios insultantes.

 

 

 

 

 

 

Atentamente

 

 

Profr. Jorge E. Lara de la Fraga.

 

 

 

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