¿Seguiremos por el mismo sendero?

Por: Jorge E. Lara de la Fraga.

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ESPACIO CIUDADANO

Por: Jorge E. Lara de la Fraga.

 

En las filas tricolores, con respecto a la sucesión presidencial, parecen no estar en su repertorio la imaginación e iniciativas novedosas. De nuevo las prácticas del pasado hicieron su aparición: el dedazo, cambio de reglas partidarias, declaraciones distractoras, el destape entre bombo y platillos, el calor mediático y el desfile genuflexo de los sectores corporativos tradicionales. Ahora todos elogian al nuevo delfín, a José Antonio Meade K., salen a relucir sus virtudes morales y sus entorchados académicos de excelente nivel, no importando para nada que ese abanderado priísta haya colaborado en el sexenio anterior con el controvertido Felipe Calderón Hinojosa. Dicho personaje -apuntan sus repentinos panegiristas- es el elemento ideal para encauzar los destinos del país, poniendo en ejecución un eficaz y moderno plan de trabajo.

Es de elemental lógica que el ex-titular de Hacienda ha sido colocado en tal sitial porque sus promotores le exigirán, en su momento, que se sujete a una agenda determinada, que cumpla con compromisos contraídos por su antecesor. Ante ello, tendrá escaso margen de maniobra si fuera el elegido y las acciones que emprendería no serían de fondo sino ajustándose a los parámetros actuales. Eso que afirmo anteriormente lo puedo justificar porque en los puestos públicos donde ha intervenido ha procedido de manera sumisa y hasta un tanto omisa, sin observar para nada los errores cometidos por su superior inmediato. Para el señor José Antonio México está en condiciones adecuadas y dirigido en buenos términos; en su desempeño se ha hecho realidad la complicidad activo-pasiva y ciertos detractores lo señalan como encubridor y pragmático.

Hace unos meses era un ilustre desconocido para las mayorías, a pesar de haber colaborado en el sexenio anterior y de ser un funcionario eficaz y obediente bajo las órdenes de Peña Nieto. Los analistas y escudriñadores del sistema lo ubicaron por órdenes supremas y desde ese momento José Antonio Meade se transformó. Salieron a relucir sus fortalezas, sus variados posgrados académicos, su inteligencia y prudencia, sin olvidarse sus aportaciones al orden establecido. Hoy es el esplendente astro que se tratará de proyectar a una alicaída comunidad que se debate en una problemática nacional bastante complicada. Habrá que ver si los sectores diversos se tragan esa píldora demagoga de un “líder instantáneo” que por sus venas corren y fluyen los intereses trasnacionales y también los empeños de una clase política aferrada al poder político y económico.

Duele escuchar que personas supuestamente enteradas de la vida nacional y también compañeros de la clase media popular, desde ahora, se suman al grupo de adoradores del pretendido nuevo Júpiter, borrando de su pensamiento todas las ofensas, tropelías, latrocinios y barbaridades perpetradas por los gobernantes tricolores. Pareciera que ellos atisban en ese nuevo especimen de tradición neoliberal la solución idónea a la tragedia mexicana, sin considerar que tal personaje -de ganar- se rodearía lógicamente de sujetos poco deseables y además tendrá en gran estima las indicaciones y recomendaciones de sus “padrinos”. No hay que dejarse engatusar por un rostro afable y neutro, ni ante un currículo impecable envuelto en terciopelo y con celofanes.

Se dice que tenemos derecho a la esperanza y que no aceptemos el engaño y la manipulación de los medios electrónicos como destino para nuestro pueblo. Eso debemos materializarlo en hechos y actitudes; en calidad de mientras ignorando la basura radiofónica y televisiva. Hay maneras de obtener información más cercana a la verdad y prueba de ella son algunos periódicos críticos y revistas de circulación nacional, así como frecuencias radiales, programas televisivos y redes digitales que operan con objetividad y con libertad de criterio. En sentido complementario manifiesto que los ilusos y soñadores queremos un viraje significativo en nuestro país y que no queden de lado cuatro aspectos básicos del ámbito público: Un estado de Derecho, donde las leyes se apliquen sin cortapisas, un bienestar económico que se proyecte hacia los hogares mexicanos marginados, una transparencia en la actividad pública que trasmita confianza, una democracia participativa con ciudadanos protagónicos y una rendición de cuentas para superar el mundo sombrío de las complicidades, el fraude y el tráfico de influencias. En definitiva, por lo que se observa, con José Antonio Meade no hay posibilidad de materializar nuestras quimeras.

 

 

Atentamente


Profr. Jorge E. Lara de la Fraga.

 

 

 

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