Gobierno perdió razón de ser

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Abriendo Brecha

Gobierno perdió razón de ser

Por: Héctor Saldierna

Las noticias surgidas en el país durante los últimos meses han sido inquietantes porque todo se refiere a cuestiones poco edificantes y ligadas a hechos de corrupción y delictivos, donde el país queda exhibido ante la ausencia de compromiso de los funcionarios gubernamentales en todos sus niveles.

En este contexto se encuentra la denuncia que hizo la Clínica de Derechos Humanos de la Universidad de Texas, la cual hace la narrativa de testigos protegidos en el sentido que grupos delincuenciales de la última letra del alfabeto sobornaros a dos exgobernadores de Coahuila, los hermanos Moreira y al exgobernador Fidel Herrera.

Esto podría explicar de manera esquemática todo lo que ha sucedido en estas entidades y su creciente ola de violencia e inseguridad, derivado de la impunidad de la actuación de los grupos criminales.

Este tipo de prácticas, nada aconsejables, han propiciado que las entidades federativas hayan perdido la razón fundamental de ser en cuanto a los objetivos que debe tener un gobierno. Y, en cambio, se han entregado a los brazos de organizaciones criminales que lo único que aportan son elementos de zozobra y de inquietud para la ciudadanía.

La paz social que tanto festinaba el PRI hasta fines de la década de los 90, prácticamente empezó a pulverizarse con el arribo de Vicente Fox, quien no entendió las reglas de los órganos de Seguridad e incluso desmanteló el aparato de Seguridad conocido como Cisen.

A esto se agregó la inexperiencia que fue un factor que fue decisivo para que todo el tinglado se seguridad existente hasta esa época, fuese afectado con sus consecuentes efectos negativos. Como cereza en el pastel, los gobernadores de las diversas entidades se sintieron libres de un mando superior y empezaron a sentirse virreyes y dueños de vidas y haciendas en sus propios territorios.

Con este mensaje, iniciaron los grandes problemas para el país. Empezaron aflorar más grupos delictivos y ante la ausencia de controles y de mandos, entonces sobrevino la existencia de fuertes grupos que reclamaron sus cuotas ante la debilidad de las autoridades.

Con la llegada de Felipe Calderón, que creyó que declarando la guerra al narcotráfico era lo más conveniente en ese momento, convirtió al país en un auténtico baño de sangre que al final de su sexenio llegó a la cifra de más de 120 mil muertos, además de miles de desaparecidos que fue una divisa más de su sangriento sexenio.

Toda la estructura que había tenido el país por varias décadas se cimbró de la manera más estrepitosa. Los años de paz social concluyeron y, entonces, se desató una de las épocas más sangrientas de la historia del país.

Con la llegada de Enrique Peña Nieto nada cambió. Siguió con la misma estrategia y la consecuencia lógica se observa en una inseguridad creciente. Por todo el país siguen las problemáticas y las noticias que reseñan los periódicos impresos y digitales es que hay una inseguridad que no tiene precedente en la república.

El número de homicidios sigue en caballo de hacienda. Nadie lo detiene y no es para enorgullecerse. Quiere decir que el trabajo no se está realizando y el país sigue en una franca caída en todos los aspectos.

A estas señales de inseguridad, evidentemente preocupante, se suma también el aspecto económico y es que se ha acentuado prácticamente en todo la nación la parálisis económica que perjudica a millones de micros y pequeños empresarios.

Y la llamada reforma energética, que en teoría era para que dinamizara la economía, más bien la ha perjudicado. Incluso en los estados y ciudades en donde operaba Pemex, resulta que ahora son regiones altamente peligrosas y ausentes de proyectos productivos. Mal por todos lados. Me gustaría conocer algún aspecto positivo y que con gusto reseñaríamos en estas columnas. Los lamentos se oyen con todo tipo de personas con las que se platica. Me gustaría conocer una mejor perspectiva y poder reseñarla.

Y hasta la próxima.

 

 

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