México vira 7.1 grados

Por: Ángel Lara Platas

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Por: Ángel Lara Platas

Los recados que nos ha mandado la tierra durante el mes que consideramos “Patrio”, el del amor a México expresado a gritos; han sido bastante aleccionadores.

Los científicos han dicho lo obligatorio acerca de los sismos o terremotos. Aseguran que son fenómenos producto de la energía que se acumula debido a la fricción por el reacomodo de las placas tectónicas. Que es tal la fuerza, que ha provocado el levantamiento de montañas y profundización de las fosas marinas.

Sin embargo, hay algo que soslayamos, que no comentamos ni reflexionamos.

La tierra es un cuerpo que vive, que siente y que se duele. Y como todo ser vivo, se mueve y reacciona. Pero además, nos da vida, nos protege, nos cuida.

Lo explico de manera más poética.

La tierra vive una eterna lucha para no ser atraída por otro cuerpo, solo que muy superior a ella en tamaño y en fuerza de gravedad: el Sol.

La tierra gira alrededor del Sol dentro de una trayectoria elíptica, es decir, a veces está más lejos del Rey Astro, pero a veces está más cerca. Cuando está más cerca, la fuerza de atracción del Sol es mayor. Es en ésta posición cuando se produce ese “jaloneo” de fuerzas, que provocan en la tierra ciertas deformaciones que causan que las placas tectónicas tiendan al reacomodo, produciendo energías de alta potencialidad que en algún momento se tienen que liberar y ocurre a través de lo que conocemos como terremotos.

Dijéramos que la tendencia de la tierra es huir del Sol, que a pesar de ser necesarios sus rayos caloríficos para la vida terrenal, si la tierra “cede” sería tragada con todo y nosotros. El Sol utiliza su fuerza de atracción para atraerla a su centro y la tierra se pone en huida con su fuerza centrífuga. Por cierto, en el ámbito terrenal ocurre algo similar: El varón trata de atraerla pero ella se resiste. Ahí lo poético.

Hay otro aspecto de la tierra en el que es importante puntualizar. La tierra tiene memoria, distinta pero muy superior a la nuestra. Nuestro planeta transita dentro de una exacta sincronía universal, al nivel que sus movimientos se pueden medir hasta en milisegundos. La tierra siempre se traslada por el mismo camino y a la  misma velocidad. Nada ni nadie la detiene excepto la ingratitud del hombre, entiéndase nosotros: Extracción de hidrocarburos, pruebas nucleares, calentamiento global; aunque los científicos digan otra cosa.

Volviendo a lo de la memoria de nuestra Madre Tierra bastan dos ejemplos. Mismo día, mismo mes, solo que 32 años después, nos sorprende con un terremoto tan devastador como aquel. Desde hace millones de años nos ha cumplido con el día, la noche y las estaciones del año.

Pero dando un viraje de 7.1 grados comento lo siguiente. Los dos sismos o temblores nos están dejando cosas interesantes. Si bien es cierto que ha quedado manifiesta la enorme voluntad del pueblo mexicano y su enorme solidaridad con los afectados, también se está dando algo que ya es causa común. Las manifestaciones de rechazo hacia los políticos y a los partidos políticos en general, han sido contundentes. La sensibilización de la sociedad civil, se da a partir de que de nueva cuenta es el pueblo el primero en extender su mano para el rescate de personas atrapadas entre los escombros, y es el primero que de manera voluntaria despliega sus esfuerzos solidarios de ayuda a quienes vieron juntarse sus techos con el piso.

Pero también vieron como en algunos lugares los camiones que transportaban víveres, eran obligados a descargar en bodegas del DIF, para posteriormente colocarles etiquetas políticas. El resentimiento crece cuando observan a políticos en lugares siniestrados solo para tomarse la foto con la ayuda ajena entre sus manos.

Los diputados, ni sus luces. Los senadores, por las mismas. Muy distantes del esfuerzo de los mexicanos para con sus hermanos en desgracia. Totalmente incapaces de organizar una sola caravana de ayuda. Nada de eso se vio. Claro, no se descarta que lo hayan hecho a escondidas de su pudor como para no politizar su intervención.

Las  exclamaciones de repudio hacia los partidos políticos han caminado de manera paralela al rescate de personas. Mientras pueblos enteros se debaten entre la falta de alimentos y lugares para dormir, los líderes partidistas se regodean entre las abultadas prerrogativas y su arrogante filosofía patrimonialista.

Ante esto, los partidos políticos si quieren subsistir, tienen que tirar el dispendioso lastre y adaptarse a las circunstancias del pueblo mexicano. Después del telúrico septiembre, cambiarán muchas cosas. La gente reaccionará, quién sabe hacia dónde, pero actuará y fuerte.  Podría anticiparse que los ciudadanos no permitirán que la política se siga pagando a precios irracionalmente altos, con dinero que se necesitará para la reconstrucción. La sociedad no admitirá campañas electorales de despilfarro. La política tenderá a ser diferente.

El temblor movió la tierra pero también conciencias.

De los escombros ha surgido la prosperidad de muchos pueblos (Yo)

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